“Nosotros somos los Selk’nam”, un reencuentro con los ancestral

Danza, música en vivo, proyecciones. “Nosotros somos los Selk’nam” es una obra que te impacta, te conmueve, te da rabia, te genera adrenalina, a veces ganas de llorar. Una obra minimalista pero completa que hace que las emociones se encuentren a flor de piel.

La obra dancística comienza con una de las bailarinas tirada en el piso, con un ambiente frío, apagado, envolvente, que el clima de invierno santiaguino ayuda a conseguir. “Si me preguntan quién soy, dirán que soy la hija del recuerdo” se escucha a modo de introducción por una de las voces “Enorbita Ensamble”, quienes están a cargo de la musicalización de esta desgarradora historia. Saxofón, bombos, platillos, guitarra; todos unidos, en ruidos y sonidos armónicos que paralizan los vellos.

Imágenes, videos; proyectados en una pared con telares que imitan la artesanía, el material con los cuales se vestían los fueguinos. Blanco y negro son los colores de la proyección, dónde muestran a modo de documenta la tribu nómade protagonista.

 [Fotografías por Paula Merlo]

 

“Aquel que, perdido en una historia no contada, baila con el viento”, se escucha nuevamente la voz. Y esta es una de las frases más significativas, puesto que aquí se revela el objetivo político, la protesta, el reencuentro y el redescubrimiento con los ancestros.

Esta historia retrata la memoria de dos niñas secuestradas por la misión Salesiana “San Rafael”, instalada en isla Dawson al termino de los años 1800. Y seguramente más de alguno a escuchado el nombre de la isla, puesto que para los primeros años de dictadura trasladaron a ese lugar cerca de 400 presos políticos entre ellos los ex dirigentes de la Unidad Popular. Pero esta isla, ¿es conocida por la misión de San Rafael? La verdad es que no tanto. Es por esto y más, que la frase cobra sentido, que la obra nace. Es un llamado al reencuentro con lo ancestral.

Duró la misión 22 años. 22 años de evangelización, en el que la Iglesia Católica concentraba el poder de la educación. 22 años que interpretan las bailarinas de una manera triste, sufrida. “Nosotros trabajamos con el sufrimiento” comentó Pamela Morales, directora de la obra al finalizar esta. Y junto a la escenografía minimalista que mostraba poco, pero con imaginación y atención a los acontecimientos, se vislumbraba una realidad mágica, dolora y llena de tortura, la obra logró las expectativas de un público que repletó las gradas.

[Fotografías por Paula Merlo]
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